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04/03/2026

El gato blanco.

Fuera de la comisaría había unos cuantos grupos de ruidosos manifestantes; dentro, el ambiente era digno de una reunión de comediantes, pues todos se desternillaban de risa frente al detective más eficiente del país: Frankie Fusilli. Incluso la secretaria, que entró para servir las tazas de café, no pudo evitar soltar una carcajada al escuchar la conversación:
 
–Os digo que fue el gato –insistió Fusilli–. Llevamos treinta meses sin una maldita pista: ni una sola huella dactilar, ni un mísero sospechoso... ¡nada de nada!
 
–Pero, hombre, no te aferres a una conjetura tan desquiciada –replicó uno de los compañeros–. Quizá es momento de aceptar que somos unos incompetentes sistemáticos y...
 
–¿Es que no podéis, ni por un segundo, considerar mi razonamiento? –Fusilli golpeó la mesa con aire de desesperación.
 
Esa misma tarde el equipo regresó al apartamento del difunto, en el que ahora se alojaba la mascota. Los investigadores se encontraron con una mansa criatura persa, de pelaje blanco algodonado y ojos color cielo.
  
–Y tú dices que ha sido esto... ¡esto! –carcajeó uno de los agentes.
 
"¿He sido yo?", pensó el gato.
 
Una vez que trasladaron al animal a la sala de interrogatorios, lo dejaron sentado sobre la silla de madera. Allí permaneció inmóvil, desprovisto del instinto de inspeccionar el terreno que tanto caracteriza a los felinos.
 
–¡Observadlo ahora! ¿Os parece que este monstruo esté aterrado? –señaló Fusilli–. ¡Está impasible, impasible!
 
–¡Es un gato, Fusilli, por Dios! –gritó el comisario–. Devuélvelo al apartamento, no vamos a detener a un animal sólo porque te hayas vuelto un neurótico.
 
–Sé que fuiste tú. No comprendo cómo ni por qué, pero tarde o temprano quedará demostrado –susurró Fusilli acercándose al gato para después salir de la habitación.
 
Tuvo lugar el interrogatorio con los correspondientes procedimientos. Fusilli deslizó sobre la mesa un par de fotografías del cadáver de la víctima. El gato contestó con un maullido que expresaba más naturalidad biológica que cualquier indicio de culpabilidad.
 
–Ahora comienzas a reaccionar, ¿eh? –arqueó las cejas.
 
En un arrebato de cólera que desobedecía cualquier protocolo, el detective agarró al animal por el cuello y comenzó a zarandearlo con violencia. El felino, en un acto de defensa propia, surcó con las uñas la calva de Fusilli, la cual lucía brillante bajo las luces fluorescentes. Un grito histérico movilizó al resto de los agentes. Encontraron al pobre hombre con el rostro empapado en sangre, hecho que propagó el virus del delirio colectivo: si aquel animal le había realizado tales heridas a un oficial, ¿qué grado de sadismo no habría empleado sobre la víctima?
 
La resolución era que el gato debía someterse a juicio inmediatamente, por lo que se le asignó un abogado de oficio, el más mindundi que aceptó tratar tal caso. Una vez en la corte, sentaron al gato en una silla con un cojín acomodado a su tamaño. El juez, un hombre de facciones pétreas, abrió la sesión golpeando el mazo. El abogado, cuyas gafas de metal se deslizaban constantemente por su nariz, alegó:
 
–Su señoría, mi cliente... quiero decir, la criatura... es un animal doméstico. No existe jurisprudencia alguna que permita imputar a un ser ajeno a todo razonamiento humano.
 
El fiscal mostró dos evidencias fotográficas: la primera, las heridas de la calva de Fusilli; la segunda, los cortes en el cuello de la víctima. Ambas incisiones, aunque diferían en profundidad, presentaban coincidencias en el tamaño y en la forma.
 
–¡Es un gato! –el abogado defensor rechinó los dientes y arrojó unos informes sobre la mesa–. Aquí, en la autopsia, se confirma que la víctima falleció con dos cortes en las carótidas, sí... ¡pero realizados con un arma blanca!
 
–¡Protesto! –exclamó Fusilli desde su asiento, con el vendaje de la cabeza empapado en sudor–. ¿Acaso posees los conocimientos suficientes para dictaminar si el animal puede o no puede agarrar un objeto cortopunzante? No, no y no... ¡porque no eres un detective!
 
–¡Tú eres uno de pacotilla! La prisa por resolver el caso te ha llevado a basar tu acusación en suposiciones erróneas que ni siquiera has logrado demostrar. ¡Vaya un imbécil...! –el abogado arrugó los informes y los arrojó, de mala gana, al suelo.
 
Mientras el juicio se tornaba cada vez más hostil e insensato, el gato saltó de la silla pasando desapercibido bajo los pies de aquellos hombres trajeados, alcanzó al juez y se acomodó sobre su regazo. Todos estallaron en gritos de terror y comenzaron a correr de un lado a otro como si estuvieran siendo perseguidos por una manada de lobos hambrientos. Esto fue la gota que colmó el vaso para sellar el veredicto: "Declarado culpable de homicidio doloso. Declarado culpable por atentar contra un oficial de la ley. Declarado culpable por desatar una psicosis colectiva. Cadena perpetua". 
 
Antes de que se firmara la sentencia, el animal se subió al estrado y se irguió sobre sus dos patas traseras. De súbito, todos los presentes se quedaron mudos y ojipláticos. El gato procedió así:
 
–Jim Langford, 37 años. Se alojaba en el tercer piso del edificio donde resido. Es un hombre cuya salud mental quedó desequilibrada tras el fallecimiento de su mascota, que tuvo la desgracia de ser idéntica a mí. Cada noche, en estado de embriaguez, se escuchaban sus lamentos por las calles: "¡oh, Hyacinth, mi Hyacinth... vuelve a casa!"
 
Fusilli intentó balbucear, pero el gato alzó su blanca pata para exigir silencio.
 
–La envidia lunática, señores, es un veneno corrosivo que emponzoña el cerebro. Jim no soportaba ver a mi dueño pasear conmigo (porque sí, mi señor era uno de esos hombres modernos que me sacaba a la calle como si fuera un estúpido caniche). Aquel pobre viudo doméstico se consumía preguntándose por qué el difunto –que en santidad descanse– gozaba del privilegio de mi compañía mientras que él se retorcía de pena por haber perdido la suya. Era una noche invernal de lluvia intensa, 95 mm por hora. Se escuchó la cerradura y el picaporte giró. Bueno, ustedes, que son policías, sabrán de sobra cómo es forzar una entrada, ¿no? Aunque viendo su desempeño actual, tengo mis dudas. El asesino llevaba guantes de nitrilo de color azul cobalto, una excelente elección para evitar dejar rastro, aunque si se hubieran molestado en inspeccionar el contenedor de basura, sabrían exactamente de lo que hablo. Con dichos guantes agarró un cuchillo de cocina de acero inoxidable, cuya hoja alcanzaba los 20 cm de longitud. Unos días antes mi señor lo había utilizado para cortar carne (ternera, para ser más preciso). Quién se iba a imaginar que aquel instrumento también serviría para realizar un corte transversal en cada una de sus carótidas mientras se encontraba en fase de sueño profundo, pues eran las cuatro de la madrugada y, como bien sabrán, los gatos somos famosos por ser noctámbulos y observadores. Ahora bien, el criminal está delante de sus narices, siempre lo ha estado en las listas de vecindad que ustedes archivaron por puro agotamiento administrativo. Mi dueño y señor era un santo comparado con la infecta podredumbre que ustedes permiten que camine libremente bajo el sol. Como especie dejan bastante que desear, pues resulta muy tedioso lidiar con la limitación cognitiva de los seres humanos... 
 
Sin esperar a las reacciones y respuestas, el gato descendió del estrado, caminó en dos patas hacia la salida de la corte, se fundió con la luz del mediodía y nunca jamás se le volvió a ver. Esa misma noche se organizó un despliegue de medios para localizar a Jim Langford, pues ya no vivía en aquel viejo edificio. Los registros clínicos de un hospital psiquiátrico confirmaron que el sospechoso había fallecido hacía más de un siglo, a la edad de 37 años. Sus últimos informes indicaban que era un hombre demente, sumido en delirios persecutorios al asegurar que Hyacinth, su gato, lo acechaba secretamente para acabar con su vida. Cuando Fusilli visitó su vieja tumba en el cementerio local, encontró el siguiente epitafio grabado en mármol: 
 
 
«NO SIGAS AL GATO BLANCO»
 
 

26/09/2022

Secuencias cínicas.

«Yo no quiero talar el árbol que nos ata a la vida, ni caminar contigo bajo un Sol sin aura, ni que me chupes la sangre. No quiero odiar sin causa aparente y, por sobre todas las cosas, no quiero asumir que «felicidad» y «plenitud» son conceptos de mentira, ¿verdad? Contigo me siento como cuando el gato vomita el pelo que se lame, justo así. Eres nocivo y por eso te dejo».

Eso estaba escrito en la nota que te dejó tu ex pegada a la nevera, dentro de la cual sólo había alcohol barato y dos limones pudriéndose. Si te paras a pensar, no es tan difícil expresarse, ¿cierto? ¿o es que no sabes abrirte el alma y dejar que drene? ¡no sabes! No hace falta estudiar medicina para ello, hace falta ir a urgencias y gritar: "¡doctor, me estoy muriendo!". Y la conversación fluirá un poco así:

«-¿Qué tienes? ¡Eres demasiado joven para morir!
+Tengo la mente enferma, necesito dejar de pensar y soltarlo todo.
-Pero no hay operaciones para eso, muchacho.
+Sí, antes sí había. Eran conocidas como lobotomías, ¿es que ya no se hacen?
-No.
+Ah bueno, llego un par de siglos tarde, disculpe».

A esto se le llama hablar sin preámbulos. Entonces quieres encontrarle un sentido y no lo tiene, el doctor también quiere y no lo tiene; cuando se reúna con su esposa le contará el suceso y ésta querrá encontrarle un sentido y tampoco lo tiene. "Vaya loco", pensarán. Al llegar a casa quieres abrirte la cabeza con un picahielo pero sabes que no puedes porque sería muy arriesgado. Al final dibujas y coloreas simulando que es sangre, pero por desgracia es tinta del bolígrafo rojo, y ahí te pones a pensar en lo visceral que es todo lo que se te cruza por la mente mientras suena cualquier disco que ahora mismo alguien odia. La melodía te absorbe y se te prende una luz dentro del cerebro. Joder, ¿por qué no te has dado cuenta antes? ¿no sabes delirar bien? Te levantas, caminas, entras en una farmacia y la conversación transcurre así:

«+Señorita, necesito medicación para la mente.
-Tenemos una gama nueva de productos naturales, sin químicos, para relajar y alcanzar un sueño reparador.
+Señorita, le estoy diciendo... que necesito matar la mente, delirar con psicodélicos, ¿es usted tonta o qué?».
 
Enfurruñado te diriges a un parque, a ver si con suerte puedes estrangular a unos cuantos patos del estanque. Te sientas en un banco pintado de corazones con iniciales de parejas que probablemente hoy en día se odian. A tu lado ves a un anciano con zapatillas de abuelo y el pelo teñido de blanco sin necesidad de haber malgastado el dinero en peluquerías. Éste, con una voz más ronca que un cocainómano rockero, te dice:

«-Joven, la vida es un paseo en trineo, pero a mí ya me queda poco, ni siquiera puedo respirar bien.
+Pues yo no encuentro anestesia mental, vaya día llevamos...
-¡Los jóvenes de hoy en día no aguantan nada, no son valientes!
+¿Quiere usted ser hoy el menú especial de esos putos patos?
-Voy a llamar a la policía, maleducado».

Pasados diez minutos suenan sirenas y se te acercan dos policías corpulentos a darte lecciones de moral, como si ellos hicieran algo más que sembrar miedo y violencia. 

«-Muchacho, debe usted respetar a los mayores.
+Glorificar a los mayores sólo porque tienen la carne arrugada y pensamientos de antaño es el mayor absurdo. Además ustedes los desahucian y apalean sin escrúpulos, pero claro, yo sólo soy un simple ciudadano sin autoridad, entonces soy el violento, ¿verdad?».

De nuevo vuelves a casa más amargado que cuando saliste. Está a punto de caer la noche y piensas que la mejor opción para cenar es vino caducado, a ver si es cierto que el estómago cría gusanos. Pero bueno, algo es algo, ya que mariposas no pueden ser. Te preguntas si venderán mariposas enlatadas y acto seguido carcajeas, qué cosas tienes. Entonces suena tu móvil, es un mensaje de la persona especial que estás conociendo. Quizá esta vez pueda salir algo bien, quizá vaya a funcionar, pues pareces importarle y parece ofrecerte kilos de mariposas en bolsa. Comienzas a leerlo:

«-Oye, lo siento. He estado pensando. Eres muy interesante, inteligente, gracioso, atractivo y dulce, pero...
+Pero».

Suspiras y, decepcionado, arrojas el móvil a la basura porque la historia ya te la conoces, ya sabes lo que viene. Otra vez. Perooooooo... tocan a la puerta y te entregan un paquete. Oh dios, qué será. Lo abres y resulta ser un trasto estúpido de un euro de AliExpress (el cual ni recordabas que habías añadido al carrito hace semanas) y mientras lo miras, piensas: "todos somos contingentes, pero esta mierda es la única necesaria".

06/09/2022

Metáfora de cómo me siento blablabla.

Voces desgarradas a lo lejos.
Dentro mi mente canta para no escuchar ni escucharse.
¿Qué particular manía es esa?
Parece que tengo bombas en las sienes.
Dice mi manuscrito que el Yo es la metafísica que nos condena a la Tierra,
el Otro es el lazo que hay que romper.
Intolerancia del Yo, cansancio del Otro.
No quiero ser esto, tengo disforia mental.
Tiemblo bajo un árbol hueco y centenario.
Tengo vendas en las rodillas ensangrentadas y busco un desierto para morir.
Quiero morir donde todavía quede un ápice de oxígeno,
donde no se escuchen gritos ni sonidos violentos.
Quiero morir imaginando el oasis que nunca tendré.
Quiero morir, quizá, a manos de un forajido que muerda mi piel;
sería mejor eso que morir en cualquier guerra de la mente.
Ese forajido me propondrá hacer un pacto y rajará la palma de mi mano.
O quizá lo obligaré yo.
Ese pacto será como un sello de muerte sin juramentos,
ya que las palabras son humo que se inyecta en los pulmones y los ennegrece.
Nunca busco culpables, sólo necesito entendimiento.
Entender, razonar, racionalizar el por qué.
Por qué las cosas son como son, por qué me siento de esta forma.
Por qué las personas no comprenden que me vacío, que soy 70% veneno.
Dibujo formas, maneras de contarlo.
El sastre me cosió los ojos y la boca cuando yo sólo quería lucir un vestido bonito;
se podría decir que ahora luzco uno, pero es harapiento.
El aire está sobrecargado de angustia, el río ya no augura nada bueno.
La noche está tan oscura que ya no se divisan estrellas para guiar a los errantes del camino.
Ya no llegan juglares ni enamorados, ni piratas satisfechos con sus acciones.
Las cartas están en blanco porque no hay sentimientos.
Las curanderas están muertas y los arqueros se han clavado flechas en los ojos.
El tesoro ha sido saqueado y los barcos quemados para no ser encontrados nunca.
No hay caza de brujas, hay caza de ideas; esto ha sido así desde siempre.
Hay una catedral que se está desmoronando y ya nada es seguro, sagrado o puro.
En el pueblo todo es caos, pues dicen que ha llegado la hora.
Contempla a lo lejos cómo todo arde, cómo todos se desafían en duelo.
Agarra entonces mi mano, forajido, y vámonos de aquí dejando un rastro de gotas de sangre a nuestro paso.

07/08/2022

La persistencia del insomnio y cómo derrite el reloj.

Como individuos debemos de cumplir una serie de necesidades fisiológicas para lograr subsistir, o quizá más que subsistir diría "ser funcionales", por mucho que odie ese concepto. ¿Pero qué sucede cuando una o varias de esas necesidades flaquean y no se pueden llevar a cabo de una forma íntegra? Ocurre que algo se deforma, pues los cimientos no se sostienen y hay un derrumbe catastrófico dentro de uno mismo. En este caso hablaré de dormir: esa maravillosa experiencia de confort que se asemeja a estar muerto, que proporciona descanso, reparación y, además, si tienes una imaginación vívida como yo, unos sueños dignos de haber tragado alucinógenos (me pregunto qué pensaría Freud de ellos). ¡Dormir me gusta tanto y sin embargo a veces se me da tan mal!

A continuación cito a Cioran (uno de mis autores favoritos e insomne por excelencia):

«El insomnio es una experiencia extraordinariamente dolorosa, una catástrofe. Pero te hace comprender cosas que los otros no pueden comprender: te coloca fuera de la esfera de los vivos, de la humanidad. Estás excluido. Te acuestas a las ocho de la noche y al día siguiente te levantas e inicias tu jornada. ¿Qué es el insomnio? ¡A las ocho de la mañana estás exactamente igual que a las ocho de la noche! No hay progreso alguno. No hay sino esa inmensa noche que está ahí. Y la vida sólo es posible mediante la discontinuidad. Por eso soporta la gente la vida, gracias a la discontinuidad que da el sueño. La desaparición del sueño crea como una continuidad funesta. Tienes un solo enemigo: el día, la luz del día».

Creo que nadie es capaz de definirlo tan bien como él. Ahora os estaréis preguntando (o muy probablemente no) qué es para mí el insomnio. Para mí se asemeja al cuadro surrealista de Dalí: "La persistencia de la memoria", pues en esas infernales noches no sólo siento que el reloj se derrite y se desvanece, sino que también lo hace mi mente. Creo que la mente es como una bomba de relojería (al menos la mía), pues en la gran mayoría de ocasiones no he necesitado más alarma que ella. Si me tengo que despertar a las 8:00, Mente se despierta casi dos horas antes. Si me quiebro emocionalmente antes de dormir, ten por seguro que Mente no duerme. A veces simplemente no pasa nada previamente. Aunque no todas las noches desciendo a la desesperación, pues la mayoría de ellas Morfeo me trata bien, pero en numerosas ocasiones me odia. Soy consciente de que hubo un tiempo hace años en que provoqué mi propio insomnio, forcé a mi cerebro, rompí las cadenas del descanso, maté a Morfeo y quizá ahora se esté vengando de mí; pero esa es otra historia de terror para contar y ahora mismo no voy a hacerlo.
En épocas insomnes me pesan los párpados y necesito dormir, pero la maldita mente no se calla. La maldita empieza a delirar, a tener pensamientos fuera de órbita, y entonces yo sólo ansío arrancármela y estamparla en la pared hasta decorarla con mis sesos. Procedo a dar vueltas y vueltas en la cama como una espiral. Pasa una hora, otra y otra más. Hasta que veo un jodido rayito de sol entrar por la ventana y pienso: "¡por fin se acabó esta tortura!". Habría que celebrar el sobrevivir a las noches de insomnio, no el cumplir años. Entonces es cuando me levanto con taquicardia, me miro al espejo y no sé si soy yo o la muerta más fresca del cementerio. Tengo unas ojeras inmensas, pesadez de cabeza y los ojos inyectados en sangre. No sé si camino o levito. Ahí, si aún conservo la capacidad de reflexionar, me doy cuenta de que tendré que fingir durante todo el desdichado día que contengo la energía suficiente como para aguantarlo. Porque sí, tus necesidades fisiológicas importan tan poco que el mundo no se va a parar por tu malestar. Entonces las personas te dicen que necesitas relajarte más y dejar de pensar. ¿Estás nerviosa? ¿has tenido ansiedad? "¡Culpa tuya por malcriar así al cerebro!", te reprocharán los que carecen de inteligencia emocional. "¿Has probado a meditar?", te sugerirán los más místicos. "¿Has tomado pastillas?", te recetarán los científicos. 
Después de todo eso, ya ha pasado un tiempo y por fin sale la luna a palidecer las calles. Estoy tan cansada... pero sin embargo, lo que más me cansa es el intentar volver a descansar, pues no quiero volver a la pesadilla consciente. ¿Y qué hacer si no? 
El cerebro vuelve a desobedecerme y otra vez quiero estamparlo y otra mañana veo a la muerta del espejo aún más muerta y tengo que fingir. La habitación está contaminada de miasma.
El insomnio es contar las horas, es la incertidumbre de no saber si vas dormir la mitad, la noche completa o no dormir en absoluto; el insomnio es la neura del insomne. Aunque no todo es drama, a veces sé que consigo dormir porque sueño (no deliro), pero aún así no es suficiente. ¿Y si lo intento con pastillas? A ratos cumplen su función, pero al día siguiente arrastro una pesadez y una somnolencia como si llevara cadenas en los pies, además del intenso bombeo del corazón. ¿Y si mejor lo intento dándome un tiro en la cabeza? Así todos descansamos.

01/08/2022

Una serpiente llamada Saphira.

Una estaca en el corazón yo tengo, firme y fuerte, bien anclada. Una estaca en el corazón me clavé con sublime minuciosidad, como si yo fuera la madre de todos y cada uno de los demonios del Inframundo, como si quisiera oscurecer la Tierra y corromper al ser humano (¿acaso no era ese mi propósito?). No hay verdugos ni individuos a los que culpar esta vez, pues yo misma atravesé el epicentro de mi corazón con un golpe sigiloso pero firme. El resultado fue preciso, la serpiente siseó y de mi boca emanaron estos vocablos (guionizados, por supuesto):

"¡Quiero ser la madre del mal, quiero gobernar la oscuridad, observar con soberbia al mundo ya negro y quemado donde no hay más dolor; pues no podrá haberlo porque no existirán mentes para pensar ni corazones para sentir, ya que los habré matado y me los habré comido todos. Y así venceré a Dios y lo derribaré de su trono sangriento para gobernar en su lugar!"

En ese momento de éxtasis al pronunciar esas jugosas palabras, mis pupilas se dilataron como las de una gata en la oscuridad, la sangre tibia subió por mi garganta tan rápido que cuando quise darme cuenta estaba empapando mi boca, recorriendo mis labios, bajando por mi cuello y goteando en el suelo.
Estoy alimentándome de mí, yo soy mi propio veneno. Es tan delicioso que no quiero parar, pero sin embargo vomito sangre, me tambaleo, camino trémulamente y río con malicia alzando los brazos hacia un cielo de plástico. Me siento tan delirante que mis ojos se ponen en blanco y en la esclera se dibujan escrituras en sumerio. Llevo clavada una estaca y nadie se ríe, todos están como petrificados, sin embargo soy yo quien se muere de risa.
Sé que a ellos en el fondo les encanta ver mi sonrisa de color carmesí al igual que a mí me encanta este juego, pero intuyo que Saphira está alterada. Yo que estoy unida a ella, yo que la mantengo bajo llave como una preciosa alianza, la siento correr por mis venas como una descarga eléctrica. Seguramente quiera enredarse en mi cuello y asfixiarme con su cuerpo, lo cual puede que permita porque quiero dar visibilidad a otro grotesco espectáculo.

Al fin me retiro la estaca de madera afilada y ya podrida, me baño en mi sangre, araño las paredes, dejo la marca de mis uñas, maldigo con lenguajes tan ocultos como los secretos más oscuros de este universo, pienso que estoy maldita y me lo creo, me vuelvo a reír, fumo, vomito, me araño, juego con los demonios, castigo a los ángeles y después lloro.
Lloro porque no quiero otro destierro, lloro porque estoy cansada, lloro porque me hicieron conocer el Infierno y ahora no sólo no quiero salir de él, sino dominarlo. Lloro porque es desquiciante esquivar tanto tiempo a la Muerte. Lloro porque soy muchas cosas y a la vez ninguna. No soy nadie. Soy todo. No soy nadie. Soy todo.
Soy una caminante nocturna, la que solloza en un callejón para atraerte, embaucarte y rebanarte el cuello a la primera de cambio; pero también soy escoria cósmica, un error de la selección natural.
Mientras toda esa oleada de sentimientos acontece yo me pregunto si habrá alguna cura para estacas en el corazón y el hueco insondable que han dejado en mí. Además como acto de... ¿caridad, quizás? ofrezco gratis el poner el ojo y observar a través del hueco, así verán el Infierno y todos los secretos ocultos de tiempos inmemorables.
Ahora lo que quiero que ocurra es que se enciendan las luces mientras las personas me gritan que he traumado a sus hijos y les devuelva el dinero de la entrada. Quiero que no me quieran en el espectáculo circense y que protesten por tener enjaulada a una serpiente rabiosa y moribunda.
Entonces me levanto, miro el escenario ensangrentado y reconozco que ese teatro está abandonado desde hace décadas. Eso es lo que ocurre en realidad, que sólo el moho ha presenciado un atroz espectáculo. Nadie ha escuchado, nadie ha prestado atención, nadie ha visualizado, todo era un delirio (¿otro?). Pero lo que más me aflige de todo eso es darme cuenta de que no he traumado a ningún monstruo cuellicorto y que, en el fondo, sólo somos Saphira y yo. ¿O es una lucha constante entre ambas porque ella soy yo y yo soy ella?

13/07/2022

Recuerdos, fotografías y desintegración.

Dulces recuerdos de la infancia entre el campo, la familia y las risas me invaden a veces. En ese entonces, con la inocencia que caracteriza a un novato en el juego, me era imposible pensar que toda esa burbuja idílica algún día se rompería.
Pero no os voy a mentir, también me vienen a la mente amargas memorias junto con la sensación de no encajar, de ser una mancha de cera negra ensuciando una pared completamente rosa y decorada. O quizá una mancha que se va tornando gris. Supongo que nadie se interesó lo suficiente en explorar mi gama de colores. Pero no es de mí de lo que vengo a hablar, lo sé porque hay una frase que he escrito antes de empezar lo que sea que sea esto:

"El tiempo lineal va desfigurando los rostros". 

Y es que los recuerdos permanecen inamovibles en nuestra mente (si tenemos la suerte o la desgracia de que la insanidad no penetre ciertas partes de nuestro cerebro) pero el tiempo pasa, arrasa y deforma lo corpóreo. Si los recuerdos que me sé son como son: agridulces, los de hoy serán amargos, y los que vendrán... nadie lo sabe, ¿pues quién más podría saberlo, sino yo?
Por otro lado, creo que las fotografías las inventó algún maníaco del tiempo, algún demente frustrado por la pérdida, alguien que sólo quería inmortalizar el recuerdo en un papel para, en unos años, observar en la realidad su deformación. Ya sucedió tempranamente en los pintores y retratistas esa estúpida y bella manía de plasmarlo todo, pero al final había que inventar algo más real, más vivo, menos ficticio que simples colores en un lienzo (sin desprestigiar el trabajo de los artistas, claro). Y así, generación tras generación vamos acumulando rostros inmortalizados que en realidad están muertos, lugares que o bien ya no existen porque se han reemplazado por la arquitectura moderna, o bien están demasiado carcomidos por el transcurso de los siglos. 
El recuerdo es algo íntimo, privado, personal. Aunque dos personas vivan juntas el mismo instante van a tener recuerdos diferentes, pues estos también se asocian a las emociones sentidas. Pero las fotografías... esas son tan nuestras como del mundo. 
La era tecnológica nos expone demasiado, es cierto, pero nadie habla de la exposición fotográfica que hay en los cementerios. Por cada lápida hay una foto de un ser que antes era y ya no es. Un ser con un rostro que ya no existe mas que en la memoria de sus conocidos. Los cementerios podrían ser perfectamente un Tinder para los difuntos, pues hoy en día a las personas les basta con saber un nombre y ver sólo una fotografía junto con una descripción mediocre –en el caso de los muertos, epitafio–. ¿Te imaginas a tu abuelo en el sepulcro ligando con la muerta más bonita del cementerio? ¡Estaría de muerte!
Vale, basta de bromitas. Mientras lees esto a tus células les queda menos tiempo de vida, mientras lees esto vas a ser consciente de que respiras, parpadeas, tu corazón late como de costumbre, tu mandíbula está tensa, tus dientes apretados y en tu estómago estás acumulando comida hasta que dejes de hacerlo. Y ahora no puedes dejar de pensar en ello a la vez que quieres decirme: "pero es que mi alma será inmortal aunque mi cuerpo se muera". Pues oye, qué aburrido sería no morir nunca nunca nunca, ni siquiera como entidad y más aún como concepto, ¿no? 

29/06/2022

Backrooms senti-mentales.

Realidades innombrables, muros invisibles, cárceles en tu sien, delirios en otro plano, entidades incorporadas en tus sueños más lúcidos, muñecas sin ojos que se resquebrajan, corazones negros y brillantes como la Antracita, el pasado cubierto de telarañas, el presente repleto de gusanos conservados en un frasco de un hospital abandonado, el futuro escrito con sangre en un pergamino enterrado en el fondo de una geoda, botellas de Red Label clavadas en el cráneo de algún perturbado, yonquis en un callejón profanándose las venas con su última dosis de felicidad, cuadros clásicos rasgados, una Santísima Biblia ardiendo frente a una estampa de la Virgen pegada sobre el cabecero de la cama de tu abuela, ninfómanos muriendo en brazos de putas, obreros disparando a sus jefes, cables de teléfono cortados, labios ensangrentados, pasillos llenos de agua que conducen al peor báratro, leones devorando a veganos, relaciones duraderas fruto del hechizo de la gitana ocultista de la esquina, colegios plagados de cadáveres, relojes detenidos a las 3:33, hoteles con un resort destinado al suicidio inminente donde en el bar te sirven Pentobarbital, besos con sabor a espaguetis, listado de asignaturas: "nihilismo, pesimismo y antinatalismo", combates de esgrima contra peces espada, quemas de libros de "escritores" modernos como Defreds en la plaza de los pueblos, lágrimas de oro empeñadas en cualquier local mugriento, reapertura de fumaderos de opio, enseñarle a los jóvenes a morir a los 27, ideas metafísicas perpetuadas a través de símbolos, disparos a las nubes y lluvias de sangre, fuentes públicas rebosantes de arsénico, sesos plateados adornando las paredes, bibliotecas que contengan libros que te den ganas de colgarte de la primera viga, navajas en las uñas, árboles con sogas atadas en sus ramas, palacios convertidos en cabarets, jazz sonando en las discotecas, dejar que el demonio de tu hombro te chupe la sangre mientras el ángel te cosquillea con sus plumas, DMT gratis en las farmacias, orgasmos que duran más de cinco minutos, lecturas obligatorias de Cioran, Schopenhauer, Baudelaire, Dostoyevski y Mishima, viajar a otro planeta y toparte con Zaratustra, encerrar a familiares rancios en el séptimo círculo del infierno y en el octavo a la putilla de tu vecina que le importa más tu vida que la suya, tener arqueros escoltando a los gatos, invitar a tu pareja a nadar en tus lagunas mentales, hologramas gratis que representen tus traumas, hundir el Vaticano bajo el mar para que las sirenas puedan tener el palacio que merecen, enviar a nuestras ex parejas y ex amistades a un centro de reeducación estricto, reinventar el Amor sin envasarlo al vacío, sustituir el dinero por piedras de la orilla de la playa, adoptar como mascota a un sabueso de lava, corazones bombeando ácido en lugar de sangre, cenas románticas en el cementerio, contratar científicos para que investiguen los agujeros negros de tu mente, contar en forma de cuentos para dormir las fatídicas noticias de los periódicos populistas, hablarle a tu perro con la gelatina traductora, crear figuras 3D de las pareidolias que observas, divisar la niebla y tener la certeza de que un Dios inexistente se está fumando un porro en el paraíso, venas de color púrpura, lobotomías gratis para olvidar a personas de las que te has enamorado aun sabiendo que tu existencia es nimia en sus vidas, poner un cartel falso de «riesgo de desprendimiento» en un bosque para que nadie entre e interrumpa tu ritual satánico, quitar un cartel de peligro donde sí sea necesario, talar la cabeza de tus enemigos con un cortacésped y taladrar a tus amigos con sermones como el vacío existencial que se produce en las postreras horas del día.

Y luego dirán, luego se atreverán a decir, que todo eso no es la verdadera utopía.

28/05/2022

Malditos como el zafiro azul.

En tierra envenenada no se pueden construir palacios, ni siquiera míseras chozas.
Consagra tu oración pero no reces por mí, porque si se te ocurre hacerlo te voy a cortar la lengua y la arrojaré al río en el que navegan todas las lenguas que he maldecido hasta ahora. 
Una carretera con deshielo, la veredita de un acantilado, y a lo lejos hay un piano cubierto de hojarasca por el paso de los siglos. Quizá nos sentemos a tocarlo con las manos cubiertas de sangre, hasta que la sangre se seque y hayamos envilecido las blancas teclas. Supongo que la música es lo único que nos queda en cualquier tierra, pero no tocaremos música de carrusel, vida mía, eso ya no es para nosotros.
Nos han desterrado o nos hemos exiliado– como muñecos de trapo deshilachados en manos de niñatos caprichosos ¿mas qué importa ya ese comienzo? El resultado es que estamos aquí porque somos un veneno producto de otro veneno mucho mayor, pero igual de corrosivos. No sé si lo que pesa dentro del cuerpo es el alma –si es que tal cosa existe– o si simplemente son los órganos que se están pudriendo. 
Cadáveres apilados y bienaventurados con polvo cubriéndoles los ojos y la boca, y nosotros aquí, cargando tanta malicia, tanto sentir, tanto...  
Pero dentro de un rato la vida quizá pueda ser un carnaval y al fin tocaremos música de carrusel con neones de fondo, y podremos extasiarnos hasta quedar inconscientes con un ojo rojo púrpura y otro azul marino. Pero la única realidad es esa irrealidad: no somos más que escoria cósmica enterrada en diamantes de sangre. 

14/04/2022

El ser racional pasó de moda.

¿Alguna vez estuvo a la moda?

En la infancia una de las leyes más imprescindibles de nuestras certezas es la de que todos los humanos abarcan una bondad innata dentro de sí, puesto que nuestra moralidad está en un proceso inocente de formación. Nuestras cuestiones son nimias entonces. Reímos porque todo el mundo parece bueno y lloramos cuando nos sentimos dañados, sin embargo no cuestionamos mucho el por qué un ser nos produce tal aflicción.

Conforme avanzamos en edad se nos agrieta esa burbuja moral, se nos agujerea la pecera donde nadábamos pacíficamente, y entonces nos invaden cientos de cuestiones. ¿Realmente mis amigos son mis amigos? ¿por qué son mis amigos? ¿qué me aportan? ¿por qué han cometido tal o cual acto? ¿por qué he dejado pasar por alto ciertas cosas? ¿por qué mi familia a veces es una condena más que un alivio?

Tal es así, que no sabemos con quiénes estamos conviviendo. Y es que en la infancia y parte de la adolescencia se nos hace inimaginable pensar que la vida de nuestros predecesores ya corría antes de nuestro nacimiento. 

Al final te das cuenta que todo era un baile de máscaras bajo un escenario muy bien decorado. Rostros monstruosos, agrietados y ensangrentados se encuentran bajo esa máscara tan elegante que los oculta. Esto ni siquiera tiene por qué ser así en muchos casos, pero década tras década, siglo tras siglo hemos crecido rodeados de embustes populares. Desde que existe Santa Claus, pasando por que todas las personas son nobles, hasta acabar en que la vida que nos vamos a labrar será excelente y maravillosa. No nos preparan para la realidad y luego pretenden que salgamos con un manto de sobreprotección a un bosque lleno de lobos hambrientos.

¿Es esto la verdadera racionalidad o sólo una farsa?

28/03/2022

Síntomas.

Lloro veneno

y mis ojos se inyectan en sangre

y la sangre se ennegrece.

Mi Logos se marchita,

estoy cansada de vivir con el Mythos.

Los segundos pasan muy lentos

cuando tu mente está neurótica.

Más neurosis significa más narcóticos,

más narcóticos significa alimentar a las farmacéuticas.

Siendo la tristeza es mi Beatriz, 

¿dónde encontraré yo más consuelo?

La existencia es el Purgatorio de las almas condenadas. 

Es necesario purgarse, 

es necesario morir.

El lenguaje está demasiado categorizado

como para que sea cierto.

Nosotros estamos demasiado programados

como para ser reales.

Las máquinas ya tienen su terreno.

Y yo, con esta desgarradura en el alma,

siendo la máquina emocional que soy,

espero el día en el que desconfigurarme.

Mientras, el tedio me consume,

y yo consumo...